martes, 6 de agosto de 2019

Una joven voz feminista: habla Emilia Sánchez Gómez







El pasado 30 de julio ha sido el Día Mundial contra la Trata de Personas, un día en el que inexorablemente se ha de reafirmar el compromiso social en la lucha para impedir la delincuencia que explota a las personas, su integridad y sus derechos fundamentales. Se trata de dejar espacio a continuación a una joven voz que insiste en la urgente necesidad de poner fin a la trata de mujeres y a la prostitución de estas en cuanto formas de violencia. Conscientes de que es un tema muy espinoso y que requiere una amplio espacio de debate, la idea fundamental estriba en la concienciación de la mercantilización de la integridad fisica y psíquica de la mujer. El valor del trabajo es fundamental para poner fin a esta lacra dado que las crisis financieras y económicas siempre han sido declinadas en femenino y la feminización de la pobreza es una realidad y una causa a combatir. Emilia Sánchez Gómez es graduada social por la Facultad de Relaciones Laborales y Recursos Humanos, dirigida por la catedrática María José Romero Rodenas. A continuación, damos paso a sus consideraciones.


La prostitución es una realidad social que convive hoy en día con todos nosotros, en nuestras calles, carreteras, edificios y lugares de ocio. Tal es la habitualidad de esta práctica que aproximadamente el 39% de los varones españoles han recurrido alguna vez al sexo de pago. Es considerada como una de las “profesiones” más antiguas del mundo, pero resulta irónico que se hable de profesión y de trabajo cuando estamos ante una forma de esclavitud -no tan distinta a la que se daba en el antiguo Egipto con los esclavos que construían pirámides-, y una de las manifestaciones más absolutas que tienen los sistemas patriarcales: las relaciones de poder. Entendemos esta esclavitud como la privación de libertad de la mujer y la anulación de su voluntad, tanto ante el proxeneta, como ante el consumidor de sexo obligándolas a no elegir, a someterse y renunciar a todos los derechos que como ser humano tienen reconocidos.

No es suficiente únicamente con definir qué es el trabajo, sino entender que el trabajo se tiene que desarrollar siempre en condiciones decentes. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define el “trabajo decente” como aquel que se lleva a cabo sin que “se produzca daño a los principios y derechos laborales fundamentales”. Estos principios y derechos laborales fundamentales son la libertad de asociación y libertad sindical, eliminación del trabajo forzoso u obligatorio, abolición del trabajo infantil y eliminación de la discriminación. 

Otro de los requisitos fundamentales para que se considere el concepto de “trabajo” y su naturaleza, es la necesaria concurrencia de la voluntariedad por parte de la trabajadora. Nunca se puede confundir el carácter voluntario -como decisión o acción propia que realiza la persona- con el carácter consentido, entendido este último como un consentimiento que en la mayoría de las ocasiones lleva a las mujeres prostituidas a acceder a mantener relaciones sexuales bajo cohibición, amenazas, coacción, maltrato, engaño, chantaje y, una de las herramientas más poderosas del mundo, el miedo.

Por último, otros de los elementos fundamentales serían la concurrencia del objeto y la causa del contrato de trabajo. El objeto del contrato y la causa de este tienen que ser siempre lícitos. En el caso de la prostitución, se entiende que este servicio atenta contra los derechos fundamentales de las prostitutas -no solamente en lo profesional, si no también como mujeres-, con la principal consecuencia de qué si la causa y el objeto del contrato son ilícitos, el contrato de trabajo sería nulo. Entonces, podríamos hablar de una forma de esclavitud en el trabajo.

 Pero, no podemos hablar de prostitución sin hablar de trata de seres humanos. Aproximadamente 2,5 millones de personas en el mundo son víctimas de la trata.  El 80% de la trata a nivel mundial se lleva a cabo con un fin principal: la explotación sexual. Dentro de este porcentaje se estima que el 90% de las víctimas son mujeres y niñas. Es por ello, que no se puede anteponer un fenómeno a otro. Sin trata no hay prostitución, y sin prostitución no hay trata.

Otro concepto directamente relacionado con la trata y la prostitución es la inmigración. Según diversos estudios del Instituto Andaluz de la Mujer, el 90% de las mujeres que ejercen la prostitución en España son inmigrantes. Dentro de este porcentaje, el 95% de estas lo hacen de manera forzosa y solamente un 5% aproximadamente, lo hacen de manera voluntaria. Los motivos que llevan a las mujeres a desarrollar la prostitución en España se diferencian en dos en función de su situación. Una primera referencia ha de realizarse respecto de las mujeres inmigrantes que se ven obligadas a ejercer la prostitución debido a su situación de ilegalidad en el país -no tienen papeles- y a las grandes deudas que tienen contra las “mafias que trafican con mujeres”. Por lo tanto, el consentimiento de la relación sexual se sustituye por la extorsión a la que están sometidas. Las mujeres españolas son una minoría dentro del sector de la prostitución, aún así uno de los motivos principales que llevan a estas a ejercer es el económico. Suelen ser mujeres que tienen cargas familiares, que ya no tienen un salario mensual, mujeres sin derechos a prestaciones que se ven obligadas a prostituirse como última alternativa por la ausencia de recursos que estas presentan. En estos supuestos, el consentimiento de la relación sexual es sustituido por la necesidad económica.

Siempre coexistirán dos posturas opuestas en este tema tan controvertido: la postura abolicionista y la postura regulacionista, que bajo el juicio de cada una pueden ser juzgadas de manera diferente. Pero realmente, ¿cuál es la situación de la prostitución en nuestro país?

La situación de alegalidad existente en España se justifica por la carencia de toda regulación permisiva o prohibitiva ya que no se encuentra regulada por ningún precepto legal y tampoco está prohibida. Convive el debate de diversos tribunales por el hilo diminuto que une la actividad de alterne con la prostitución. Las actividades de las alternes en España son legales, entendidas estas como el acompañamiento y la motivación de los caballeros que acuden a estos clubes para fomentar un mayor consumo de bebidas alcohólicas. Pero, estos clubes normalmente incluyen habitaciones donde las chicas pueden realizar servicios de índole sexual. Resulta realmente difícil poder separar entre la actividad de alterne y la prostitución, por lo que este hilo es sólo una muestra más de como ocultar una actividad ilegal detrás de una aparentemente legal.

Lo que no puede permitirse bajo ningún juicio de valor es que la libertad de las mujeres siga sometida al deseo de un sistema patriarcal que tiene más en cuenta el disfrute de los consumidores de sexo que la integridad de la propia mujer. Estamos ante un sistema en el que se juzga socialmente a las víctimas de la prostitución antes que a sus “autores”. No hay que olvidar que un sector no es rentable sin consumidores.


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